viernes, 26 de octubre de 2012

Teteras: lo publico y lo privado.

soy-pasivo-y-queEl surgimiento de las teteras no es casual, sino que es un producto de la relación peculiar que se instituye en esos espacios entre lo público y lo privado, es por esto que en un momento en que estas dos esferas se re-localizan, la tetera se encuentre en una crisis que la obligue a ser replanteada o desaparecer. Para comprender esto debemos analizar las características de género que posee la dicotomía público-privado.

En primer lugar, como ha explorado el feminismo desde hace ya varias décadas, lo público es el lugar por excelencia de la masculinidad.
El mundo del trabajo, el mundo de la política, han sido asociados con los varones del mismo modo que el hogar, la escuela y otros ámbitos propios de lo“afectivo” y lo “íntimo” han sido considerados como femeninos. Recordemos que aún hoy un hombre público es un personaje destacado mientras que una mujer pública es una prostituta, con lo cual se marcan claramente las formas de acceso a lo público que se tienen reservadas para cada género. A esta correlación entre lo público y lo masculino, lo privado y lo femenino, debe agregarse otro factor, la relación entre el eje dicotómico que estamos discutiendo respecto del par heterosexualidad-homosexualidad. Desde los estudios de gays y lesbianas se ha señalado que lo público no sólo se encuentra relacionado con lo masculino, sino además con lo heterosexual.

La heterosexualidad es un fenómeno público por excelencia, en ella lo íntimo es exhibido incluso sin que se lo perciba. La parafernalia simbólica heterosexual pasa normalmente desapercibida porque se la considera “natural”, “normal”, sin embargo, cuando la despojamos de este carácter, cuando interrogamos la constitución social de la sexualidad, podemos observar los modos compulsivos mediante los cuales se impone, se despliega y se exhibe la heterosexualidad, en oposición al silencio requerido para las prácticas, deseos y afectos entre personas del mismo sexo.Los anillos de boda, las fotos en las billeteras, sobre los escritorios, los cuadritos con fotos de los hijos, de las parejas, los besos en público, las caricias, las miradas afectuosas. Todas estas son expresiones que están permitidas para la heterosexualidad y que se encuentran prohibidas si se tratade homosexuales o de lesbianas.

danteLos heterosexuales son visibles, los homosexuales somos invisibles, todo el mundo, salvo prueba de lo contrario, asume la heterosexualidad de quien tiene enfrente. Sólo recientemente las personas gays hemos obtenido una cuota de visibilidad, razón por la cual muchas personas suelen pensar que existe ahora una igualdad aunque todavía no es posible para la mayor parte de los homosexuales identificarse como gays abiertamente en sus trabajos, lugares de estudio, con las amistades, la familia, etc.

La invisibilidad es una característica fundante de la identidad homosexual, aunque hoy sea arduamente combatida desde el activismo de gays y lesbianas. La invisibilidad empuja a la homosexualidad hacia el “closet”, hacia lo privado, y de hecho es muy común escuchar decir a alguien que respeta a los homosexuales porque la sexualidad es algo privado.

Esta postura seudoliberal no es más que una hipocresía que obvia el derecho que poseen los heterosexuales a exponer sus deseos públicamente en oposición al silencio que se exige a gays y lesbianas.Esta relación entre heterosexualidad y mundo público se encuentra sellada legalmente, ya que es corriente que la homosexualidad sea permitida “en privado” pero que se penalicen sus manifestaciones públicas, a pesar de que en este momento se están ganando algunas batallas legales. El código napoleónico, en el que se inspiran gran cantidad de países, incluida la Argentina, estableció la permisividad de la manifestación homosexual privada y penalizó la publicidad.

Más allá de la ley de matrimonio igualitario, sigue siendo por caso incomodo ver a dos personas del mismo sexo comiéndose a besos en un restaurante que no sea del ambiente gay.


Los anillos de boda, las fotos en las billeteras, sobre los escritorios, los cuadritos con fotos de los hijos, de las parejas, los besos en público, las caricias, las miradas afectuosas. La heterosexualidad tiene entrada libre a la tetera, basta con mirar la cantidad de alianzas que se ostentan en las manos de los “caballeros casados” dentro de ella.

La legalidad inglesa, que pertenece a otra tradición ha permitido desde 1967 la homosexualidad, pero en privado. La ilegalidad de la homosexualidad en el ámbito público se expresa en muchos países a través de la prohibición de la publicación de materiales educativos que refieran positivamente a la homosexualidad del impedimento de matrimonio entre personas del mismo sexo, de la censura de todo tipo. Hasta que no exista algún tipo de igualdad legal y no se desarrolle una cultura que denuncie al heterosexismo, no será posible la manifestación pública de la homosexualidad.

Es por esto que el carácter privado de la homosexualidad la empuja hacia aquellos lugares en los que lo público se encuentra limitado, disminuido, cercenado. Lugares que poco a poco se van ganando, pero queda un trecho largo por recorrer.

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