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Cuando hablamos de forma cotidiana sobre el duelo, la mayoría de las veces lo asociamos con la muerte, pero este proceso, también podemos encontrarlo tras la ruptura de una relación de pareja, la pérdida de un trabajo o la pérdida de un objeto relacional al que nos unía un fuerte vínculo. Así, el proceso de duelo, significa que tras la pérdida, deberemos adaptarnos a una nueva vida sin esa persona o cosa, siendo su elaboración la reconstrucción de significados.

Habitualmente el proceso de duelo se resuelve de forma natural, entendiéndose éste como un proceso normal limitado en el tiempo, avanzando su evolución hacia la superación, pudiendo fortalecer nuestra madurez y crecimiento personal.

Pero al igual que se reconoce que es un proceso “natural” que implica un gran sufrimiento para la mayoría de las personas, también se sabe que este proceso puede complicarse en otras, llegando a generar trastornos si los síntomas se mantienen en el tiempo y afectan al desarrollo de la vida diaria, quedando estancadas muchas personas en alguna de sus fases sin llegar a desprenderse ni despedirse de todo de aquello que perdieron.

 

Elaborar el duelo

 

La elaboración de un duelo supone pasar por diferentes etapas en las que pueden predominar emociones muy dolorosas. Estas etapas no se contemplan como períodos fijos y ordenados, más bien tienden a solaparse, conteniendo una mezcla de emociones y respuestas.

Así Worden, como trasfondo terapéutico de todo el proceso describe las tareas que la persona ha de llevar a cabo en el duelo:

  • Aceptar la realidad.
  • Experimentar el dolor de la pena.
  • Adaptarse a un mundo en el que el desaparecido está ausente.
  • Reubicar emocionalmente al fallecido (objeto del duelo) y mirar hacia el futuro.

 

¿Qué podemos hacer para procesar un duelo?

 

Aceptar y comprender que el duelo es un proceso natural que tiene su tiempo, sin intentar apurarlo. El poder afrontar la pérdida y atravesarla de una manera adaptativa, nos generará mayor confianza, desarrollando aspectos y mecanismos nuevos.

No resistirse al cambio. Se produce una transformación tras la pérdida de personas y roles que ocupan un papel central en nuestras vidas. Lo mejor es abrazar estos cambios, aprovechando las oportunidades que presentan para el crecimiento al mismo tiempo que reconocemos los aspectos en los que nos ha empobrecido.

Expresar nuestras emociones y sentimientos. Comunicarlas, no reprimirlas y si es necesario buscar ayuda de un profesional.

Rodearnos de vida, activar nuestras relaciones sociales, aprender algo nuevo o hacer actividad física por ejemplo, de acuerdo a nuestra edad y condición de salud.

Buscar nuevos sentidos de vivir, crear y desarrollar proyectos.

 

¿Cuándo buscar ayuda?

 

El dolor, el sufrimiento y los trastornos que acompañan al duelo no tienen nada de “anormal”, pero existen ciertos síntomas que nos indican que deberíamos acudir a un profesional, aunque finalmente la decisión sea de cada uno de nosotros.

Según Robert A. Neimeyer, debe plantearse seriamente hablar con alguien sobre su duelo si presenta alguno de los siguientes síntomas:

  • Intensos sentimientos de culpa.
  • Pensamientos de suicidio.
  • Desesperación extrema.
  • Inquietud o depresión prolongadas.
  • Síntomas físicos (pérdida sustancial de peso, sensación de tener clavado un cuchillo en el pecho, etc.)
  • Ira descontrolada.
  • Dificultades continuas de funcionamiento.
  • Abuso de sustancias.

Aunque cualquiera de estos síntomas puede ser característico de un proceso normal de duelo, su continuidad en el tiempo deber ser motivo de preocupación y atención para acudir a un profesional.

 

“La elaboración del duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida de lo que no está, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta su ausencia.”

-Jorge Bucay-