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DSC01567El último 20 de julio, nos fuimos con Diego (mi mejor amigo)
y nuestras parejas de vacaciones a San Luis,
un viaje que surgió espóntaneo en diez minutos de charla

En estos últimos tiempos empecé a notar que en mi entorno había mucha gente, mucha en realidad.

Recordé que hace un tiempo mi hermana me había dicho que: “Cuando el caudal de mis amigos superara los dedos de UNA de mis manos empezara a sospechar”, y de repente cuando la vida va pasando uno se encuentra saltando de un tren a otro teniendo que llegar a una cita de laburo, obligado a pasar por lo de “alguien” que inaugura vaya a saber que muestra y alcanzado por la reunión de algún grupo que se suma a la lista interminable de relaciones con las que uno NO puede quedar mal si no asiste.

Esto produce estrés y nos obliga a la toma de decisiones si queremos llegar sanos y salvos a fin de año.

Ahí descubrimos que tenemos cerca nuestro gente que llevamos como lastre, desde la pajarera de turno (amiga infaltable de todo gay, que no tiene vida sexual propia y que lo acompaña a todas partes, secretamente lo ama pidiendo a gritos que le presten una vida) hasta esa gente que cuando recapacitas, te das cuenta que sigue a tu lado porque no le dijiste: andate! Son los AMIGOS/VEGETALES, aquellos a los que les da lo mismo que cumplas o no años, que te vaya bien o mal, los que están por estar. Como la hiedra a un muro, viven de la humedad ambiente de tú vida y tú energía.

DESPIERTENME!!! ¿Como llegué hasta acá?

Mentimos y nos mentimos, creyendo que ese amigo ante un problema nuestro, va a reaccionar de una manera determinada, aquella que tenemos idealizada. Cuando no es así todo se nos cae, el ideal también. De esta forma terminamos siendo dos mentirosos para una misma mentira, por más que suene a teleteatro. Cuando nos tranquilizamos, bajamos un cambio y nos ponemos fríos, la gente nos comienza a llamar por teléfono, mail o chat para preguntarnos que nos pasa, sumidos en la más mentirosa y cómoda de las ignorancias, ya que saben en parte que algo esta pasando, pero no se atreven a preguntar: que. Tal vez se nos pase y todo siga como antes…
De esta forma y con gente totalmente banal nos llenamos la vida de RUIDO y lo hacemos para que las piezas encajen y podamos seguir adelante, quizás los infortunios de la propia vida nos ponen en el umbral de probar con lo primero que se nos presente.

Por estos días en vez de ser frontal, o de exponer mis criterios para las decisiones que voy tomando, prefiero llamarme a silencio, para hablar después, sino uno siempre termina siendo esclavo de sus propias palabras, así que lo mejor es hablar cuando se está en condiciones de hacerlo.

Hace unos años formé parte de un grupo de “amigos” de Internet que se reunía semanalmente los días viernes, era en realidad un aquelarre, con gente que hablaba mal unos de otros teniendo al “OTRO” a escasos metros cuando lo estaban defenestrando, digo, si yo veía y escuchaba esto, ¿qué me hacia creer que conmigo NO harían lo mismo?

¿Qué gas venenoso atravesó mi cerebro haciéndome permanecer más de 10 minutos en aquel grupo?

La fauna más variopinta se daba cita en ese nido de serpientes, con el perdón de estos animalitos. “ERAMOS TODOS HOMBRES SOLOS” (mezquinos mendigos de cariño).

El “ruido” que nos ensordece no nos deja “discriminar” para ver lo que es bueno o malo para nuestras vidas. Cuando llega la noche y tenemos ganas de estar con alguien la carnicería se abre y sobre el mostrador se pone “el lomito de gym”, la soledad del alma te empuja y podes terminar durmiendo con un monstruo mitad Anibal Pachano y mitad Marley, que es como decir mucha producción y mucho boludeo todo en un mismo cuerpo.
La soledad fue combatida: ¿pero que viene después?

Es que la soledad que propicia esta gran ciudad nos lleva a terminar hablando con cualquier mierda que se nos cruce por el camino. Cuando las relaciones humanas se ponen en perspectiva uno puede ver todo el teatro montado y el gran despliegue escenográfico que se levanta en derredor.

El último 20 de julio, nos fuimos con Diego (mi mejor amigo) y nuestras parejas de vacaciones a San Luis, un viaje que surgió espóntaneo en diez minutos de charla. Fijate bien a quien llamás y quien te llama, retengamos en la memoria quien está cerca nuestro cuando necesitamos una mano amiga. Muchas veces para salvar una relación lo mejor es dar un paso al costado.

No te hagas cargo de las miserias del otro.

Cuando tenés muchos amigos para la joda, la cosa no anda bien.