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Nombre del padre (Nom-du-Père en francés), es un concepto introducido por Lacan considerando la noción freudiana del edipo. En sus indagaciones, Lacan devela a la función paterna como el soporte de la actividad simbólica de cada sujeto, la función paterna es “castradora” e instauradora de La Ley.

Entiende que la función paterna tiene como correlato a una suerte de significante (téngase en cuenta que la teoría lacaniana considera al inconsciente estructurado de un modo similar a un lenguaje) que se inscribiría inconscientemente, tal significante es el denominado Nombre del Padre. Tal significante substituye o metaforiza al deseo de la madre.

¿Y que pasa entonces si te llamás igual que tu padre, madre, hermano fallecido o llevas el nombre de un antepasado?

Quizás estés cargando con el peso de su vida sin saberlo. Pero, ¿de que se trata todo esto?

Una explicación tal vez sería que la carga que lleva un nombre, pueda ser explicado por la teoría de las constelaciones familiares. Está probado que en muchos casos esta actividad transgeneracional hace que uno en su vida esté afectado por muchas cosas que son propias de la vida de un abuelo, tatara, bi o chozno, es decir del dueño original del nombre; pariente que tal vez nunca hemos conocido.

Para muchas familias poner el nombre de un familiar, del padre o abuelo es un honor y obedece a una tradición sobre todo para aquellas familias que actúan como clanes.
En el inconsciente, por ejemplo, llevar el nombre del padre habla de la necesidad de integración al nuevo miembro a través de este acto, así como también una forma de recordar a quienes fueron o son importantes en nuestra vida. Es resignificar los blasones de una época de esplendor que hubo en el linaje, que no está directamente relacionado a la vida real de ese antepasado. O sea que ponerle el nombre de un antepasado a un recién nacido, trae consigo una serie de cargas y exigencias.

“Cuando bautizamos a un hijo debemos saber que junto con el nombre le pasamos una identidad, todos nuestros deseos aquellos que preexisten al niño aún antes de su concepción.

En 1989 y 1990 los registros civiles nacionales se vieron atiborrados por pedidos de padres que pedían ponerles a sus hijas el nombre de “Fiamma”, este era el nombre del personaje de Andrea Barbieri en la novela “La extraña dama”, exitosísima tira de T.V que emitía el canal 9 de Romay. Hoy con 27 años esas mujeres están totalmente descontextualizadas con el nombre en honor a… Algunas ni siquiera saben cual fue la original, copias de una exaltación perdida en el tiempo.

En 1989 y 1990 los registros civiles nacionales se vieron atiborrados por pedidos de padres que pedían ponerles a sus hijas el nombre “Fiamma”, este era el nombre del personaje de Andrea Barbieri en la novela “La extraña dama”

Evitemos por tanto los nombres de los antepasados, de antiguos novios o novias, de personajes históricos o novelescos. Los nombres que recibimos son como contratos inconscientes que limitan nuestra libertad y condicionan nuestra vida…”

¿Cuál es concretamente el efecto de repetir los nombres?

El psicoanalisis indica el peligro de este acto, ya que los nombres actúan como fotocopias y al ser repetido se devalúa y pierde fuerza. Además de mencionar que en la repetición está el riesgo de ser un “árbol que da frutos o bien plantas venenosas”. Esto es podemos superar al original o estar siempre a la sombra de AQUÉL.

Para entender mejor esta teoría hay que explicar que los nombres tienen una vibración o fuerza. Si ponemos el nombre de un hermano muerto a un bebé, estamos en realidad dejando en el recién nacido la carga de ser como aquel hermano. Más todo lo traumático de la muerte del primero, los duelos inconclusos o el recuerdo de aquél que es cada día resignificado.  Además si el nombre que ponemos tiene una historia de depresión sumamos esa carga a la nueva persona.

… Yo no manejo, -dice Jorge- Debe ser porque me pusieron el nombre del hermano de mi mamá que murió en un accidente unos meses antes de mi nacimiento… Cuando le digo a mi vieja que quiero aprender a manejar se pone muy nerviosa y me cambia de tema…

La elección del nombre para el bebé es algo que debe llegar a ambos padres de manera intuitiva; no ser repetido, sino darle la oportunidad de comenzar algo nuevo. Cada nueva vida es un comienzo.  Hay pautas de cómo mejorar esta situación para quienes ya están con este problema y sienten que están repitiendo la misma historia. Si el nombre que tenemos trae consigo una carga demasiado fuerte lo ideal es atreverse a cambiarlo, o bien, usar el segundo nombre. De esa manera, hacemos un corte y reducimos los riesgos de llevar con nosotros una carga o repetir la historia vivida por nuestros antepasados.

 

Borges  lo explicita mejor en su poema “Junin” :

                                         “Soy, pero también el otro, el muerto,

                                           el otro de mi sangre y de mi nombre;