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divanHacemos un repaso con Gonzalo de su salida del closet, es un paciente que ya logró  superar ese momento que le causaba tanta angustia. Por fin, le gritó al mundo su preferencia sexual.
Sin tapujos y sin complejos reconoce abiertamente que es gay. Se siente muy bien y vive una libertad que se negó por mucho tiempo.

Pero, siempre los hay… tiene un nuevo problema, se enamoró.

De principio, no parece un gran problema para la mayoría de las personas, pero en su caso hay una característica muy especial, su corazón ha recibido el flechazo de Cupido y quien le quita el sueño es un hombre heterosexual.

En sus palabras dice:

Trabajo en un call center y habiendo tanto puto que salen por los zócalos me voy a fijar en un pibe re lindo que se nota a la legua que no es gay, lo que no entiendo como es que me da bola, hoy justo estábamos hablando de que me iba a enseñar a nadar… y yo automáticamente me imaginaba a los dos en malla en la pileta. Yo tratando de contener mi erección frente a él. Soy patético!

 ¿Es posible, que un hombre, que abiertamente muestra su preferencia por las mujeres, se pueda enamorar de él y juntos, puedan vivir ese idilio de amor que palpita en su corazón?
Bueno, en principio, le podemos dar una esperanza… hay veces que la vida en el consultorio da esos contrapuntos seguida a la sesión de Gonzalo, al mismo espacio terapéutico llega, Rodrigo y me dice:

 

Siento atracción tanto por un cuerpo masculino –lleno de fuerza y con marcados relieves musculares– como por la ternura de una mina –con su piel tersa y facciones delicadas. Para mí la bisexualidad es una búsqueda por la belleza en sus múltiples expresiones, colores de piel, facciones, vellosidades y musculaturas. Me he enamorado de más mujeres que de hombres.

Pero aunque satisfago mis necesidades con las mujeres, con quienes he tenido más relaciones de noviazgo, nunca he perdido la atracción por los hombres. No finjo en ninguno de los casos. Aunque me definí como bisexual hasta los 22 años, comencé a fijarme en personas de mi mismo sexo desde la pubertad. Al compararlos con mi cuerpo, admiraba en otros cuerpos los primeros rasgos de cambios físicos propios de la edad. Hubo acercamientos sexuales, pocos y tímidos, sobre todo masturbaciones en grupo; y lo que fue curiosidad se convirtió en atracción.

Mi escuela era sólo de varones, por lo que había momentos en que los compañeros se exhibían y yo no dejaba de fijarme en sus piernas, en sus brazos, en su cutis. Mi primera experiencia bisexual fue a los 16 años, cuando me enamoré de un hombre. Estaba nervioso, con el corazón en revolución, ansioso por explorar todas las formas de satisfacer mi necesidad con el otro y de satisfacerlo a él. Por esos mismos años las mujeres llegaron a mi vida, fueron algo nuevo por descubrir y los encuentros sexuales fueron bastante atractivos.

Como bisexual me he sentido libre, capaz de admirar la belleza donde se presente y de experimentar la sexualidad en su plenitud. La mayoría de mis familiares y amigos no lo saben. Prefiero ocultarlo porque creo que, al menos donde vivo y en los círculos donde me desenvuelvo, cambiarían actitudes hacia mí. Tengo muy pocas ganas de dar explicaciones respecto a mi sexualidad, sobre todo a quienes no las merecen.

 

Me quedo solo y pienso que ambos tienen una esperanza: la mayoría de los heterosexuales han tenido fantasías homosexuales alguna vez en su vida y algunos las llevan a cabo, se complementan.